Tres cosas que deberían hacer los directivos a diario
«¿Y todo eso cuándo lo vamos a hacer?» Es lo que nos preguntan
siempre los nuevos directivos, esos que solo llevan semanas o meses en sus
cargos, cuando les describimos las tres actividades en las que deberían
centrarse para triunfar como líderes: generar confianza, construir un equipo y extender
su red de contactos. La mayoría han descubierto, con gran contrariedad, que
pocas veces acaban una jornada en sus nuevos cargos habiendo hecho lo que
tenían planeado. Se pasan la mayor parte del tiempo resolviendo problemas
imprevistos y asegurándose de que sus grupos hacen su trabajo a tiempo, dentro
del presupuesto y con la eficacia que se les presupone. Sienten un descontrol
exasperante porque parece que lo urgente (el trabajo cotidiano) siempre se
antepone a lo importante (su labor continuada como directivos y líderes).
De ahí su rechazo: creen que lo único que hacemos es alargar
su lista de tareas, cuando en realidad estos elementos clave (a los que nos
referimos como «los tres imperativos del liderazgo y la dirección») no son
beneficios inmediatos y fáciles, sino elementos intrínsecos y fundamentales
para desarrollar la capacidad de actuar a todos los efectos como un líder. He
aquí el porqué:
· Generar confianza.
En última instancia, el éxito en el liderazgo consiste
en influir en los demás, y la base de cualquier capacidad para conseguirlo es
la confianza. No se puede influir en alguien que no confía en ti. El directivo,
por lo tanto, debe encaminar sus esfuerzos a cultivar la confianza de todas las
personas con las que trabaja, cosa que hará poniendo de manifiesto los dos
componentes básicos de la confianza: la competencia y el carácter. La
competencia no equivale a ser un experto en todas las actividades que emprenda
el grupo, sino que significa entender adecuadamente la labor que se pretende
abordar para tomar decisiones fundamentadas, además de tener el valor de hacer
preguntas sobre lo que menos se domina. En cuanto al carácter, consiste en
basar las decisiones y los actos en valores que vayan más allá del interés
personal, e interesarse sinceramente por el trabajo, los clientes (internos o
externos) para quienes se trabaja y las personas que hacen el trabajo. Si la
gente está convencida de tu competencia y tu carácter, confiarán en que harás
las cosas bien.
- Crear un verdadero equipo y dirigir a través de
él.
A los equipos eficaces los une un objetivo común y convincente, basado en valores compartidos. En un equipo de verdad, los vínculos entre sus miembros son tan fuertes que todos creen sinceramente que triunfarán o fracasarán unidos, y que, si pierde el equipo, pierden todos. Aparte de los objetivos y de los valores, los equipos fuertes también tienen normas de trabajo, acuerdos explícitos e implícitos sobre cómo trabajar juntos. Por ejemplo, ¿qué tipos de conflicto están permitidos y cuáles no lo están? Los líderes inteligentes empiezan por asegurarse de que no falte ninguno de los elementos que componen un equipo de verdad —un objetivo, unos valores y unas normas—, y luego dirigen a través del equipo; vaya, que en vez de decir «lo haces porque soy el jefe» dicen «lo haces por el equipo», que es un planteamiento más potente. En los verdaderos equipos, sus miembros dan valor a formar parte del grupo y se esfuerzan al máximo por no fallar a sus compañeros. El líder inteligente crea y utiliza estos vínculos tan poderosos para moldear la conducta del equipo.
· Crear una red de contactos.
Todo equipo depende del apoyo y de la colaboración de personas y grupos ajenos a él. Los líderes de grupo eficaces establecen y mantienen proactivamente una red de contactos que no abarca solo a las personas necesarias para el trabajo inmediato, sino que se extiende a las que necesitará el grupo para cumplir sus futuros objetivos. Se trata sin duda alguna de una de las obligaciones que más inquieta a los nuevos gestores. A su modo de ver, el networking es un politiqueo manipulador que los obliga a fingir que alguien les cae bien solo porque necesitan algo de él, y ellos procuran estar por encima de esas cosas. Por desgracia, quedándose al margen también limitan de forma innecesaria su capacidad (y la del grupo) para influir en otras personas por una buena causa. La creación de redes de contactos puede parecer una maniobra interesada y de mero politiqueo, pero, si se hace de manera franca, abierta y con la sincera intención de establecer relaciones que beneficien a ambas partes, no tiene por qué ser así.
Es en este punto, una vez tratados estos tres
imperativos, cuando oímos las siguientes preguntas: «¿Y cuándo vamos a generar confianza,
construir un equipo y crear una red? Con la cantidad de trabajo que tenemos por
delante, ¿cómo vamos a hacerlo?». Nuestra respuesta es que los «tres
imperativos», y todo lo que representan, no son tareas concretas para hacer. En
lugar de ello, los líderes fuertes y eficaces gestionan y dirigen a través del trabajo diario. Lo hacen con su manera de definir, asignar,
estructurar, comentar, analizar y, en líneas generales, orientar ese trabajo.
Son maestros en el arte de usar el trabajo cotidiano y sus inevitables crisis
para realizar su labor como directivos y líderes.
¿Cómo lo hacen?
Generan confianza aprovechando la oportunidad para demostrar
sus facultades durante el trabajo diario, formulando preguntas pertinentes y
propuestas adecuadas. Utilizan las decisiones y elecciones diarias para poner
de manifiesto sus valores, demostrando el interés que sienten por quienes
trabajan para ellos o por las personas para las que el grupo hace su trabajo.
Manifiestan abiertamente lo que saben, en qué creen y qué valoran, y de esa manera
demuestran que son de confianza.
Construyen un equipo utilizando los problemas y las crisis
del trabajo cotidiano para recordarles a sus miembros cuál es el objetivo del
equipo y lo que más valora. Explican sus decisiones en estos términos. Llaman
enseguida la atención a cualquier miembro del equipo que infrinja alguna de sus
normas de trabajo —como la de tratarse con respeto, por ejemplo—, o que
anteponga sus intereses a los del grupo. Y dado que las normas valen para
todos, incluido el líder, invitan a los integrantes del equipo a pedirles
cuentas si alguna vez son ellos los que olvidan esas normas.
Crean una red de contactos aprovechando las oportunidades
que brindan las actividades rutinarias —como una reunión periódica de jefes de
departamento, por ejemplo, o incluso un encuentro fortuito en el ascensor— para
establecer y alimentar relaciones con colegas de fuera de su grupo. Abordan
conscientemente los problemas que atañen al líder de otro grupo de una manera
que, además de resolverlos, fomente una relación a largo plazo. Comparten información
proactivamente con personas ajenas al grupo para quienes pueda ser beneficiosa.
Y animan a los integrantes de su grupo a que adopten el mismo planteamiento al
tratar con personas que no pertenecen a él.
Evidentemente, estos son solo unos pocos ejemplos de cómo
los buenos directivos utilizan su trabajo cotidiano para cumplir con los imperativos
más profundos del liderazgo, pero permiten hacerse una idea. De hecho, si hay
algo parecido a un «secreto» para no agobiarse con los desafíos que comporta
llegar a ser un líder eficaz, sin duda es este. Hemos visto entusiasmarse a más
de un nuevo directivo cuando finalmente comprenden este principio: que el trabajo
cotidiano no representa ningún impedimento para hacer lo que hacen los buenos
líderes, sino la manera, la vía, de hacer casi todo lo que hacen los buenos
directivos.
Una vez aprendida esta lección, tienen una visión distinta
del trabajo cotidiano. Cada vez que surge una nueva tarea, un problema imprevisto,
dedican un momento a distanciarse de ellos y hacerse esta pregunta: ¿Cómo puedo
aprovecharlo para fomentar la confianza? ¿Para fortalecernos
como equipo? ¿Para ampliar nuestra red de contactos y darle más solidez?
LINDA A. HILL ocupa la cátedra Wallace Brett Donham de administración de empresas en la Harvard Business School. Es autora de Becoming a Manager y coautora de Being the Boss y Collective Genius: The Art and Practice of Leading Innovation (Harvard Business Review Press, 2014). KENT LINEBACK tiene a sus espaldas muchos años como directivo y ejecutivo en la empresa privada y el gobierno. Es coautor de Collective Genius: The Art and Practice of Leading Innovation (Harvard University Press, 2014).

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